por Antón Joan Rodriguez Fernig
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Si estás planeando una escapada a Calpe, seguro que tu mente viaja directo al imponente Peñón de Ifach o a sus playas de arena dorada. Sin embargo, en pleno corazón urbano de esta localidad alicantina se esconde un tesoro ecológico que parece sacado de un cuento de naturaleza: Las Salinas de Calpe.
Este humedal, hogar temporal y permanente de una espectacular colonia de flamencos, es una parada obligatoria para los amantes de la fotografía, la ornitología y los paisajes con encanto.
Lo más sorprendente de las Salinas de Calpe es su ubicación. Están rodeadas por edificios, avenidas y a solo unos pasos de las playas, pero al cruzar su perímetro te adentras en un ecosistema completamente virgen.
Su origen no es casualidad; se trata de una antigua laguna marina que ya en la época romana se utilizaba como factoría de salazón de pescado (conectada con los yacimientos de los Baños de la Reina). Durante siglos, la sal extraída de aquí sirvió para conservar los alimentos de la comarca. Aunque la explotación salinera cesó a finales del siglo XX, en 1993 la zona fue declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y paraje protegido, devolviéndole el espacio por completo a la fauna silvestre.
Aunque el humedal alberga a más de 170 especies de aves a lo largo del año (como cigüeñuelas, garzas reales y fochas), los flamencos comunes (Phoenicopterus roseus) son los protagonistas indiscutibles del lugar.
Las salinas son aguas someras (poco profundas) y muy salinas. Estas condiciones son el hábitat perfecto para pequeños crustáceos y algas microscópicas, especialmente la Artemia salina. Este diminuto crustáceo es el alimento favorito de los flamencos y el responsable directo de que sus plumas adquieran ese característico y vibrante color rosa.
Los flamencos se pueden avistar en Calpe durante todo el año, pero el número de ejemplares varía:
En primavera y verano: Es una época fantástica porque la luz del sol resalta los tonos rosados de las aves, y es común ver a grupos numerosos alimentándose pacíficamente.
Durante los meses de migración (otoño e invierno): Las Salinas se convierten en una estación de servicio para cientos de flamencos que viajan hacia África o hacia otras zonas de España como Doñana o las Salinas de Santa Pola. Es el momento donde el humedal alcanza su máximo esplendor de población.
Para disfrutar de este espectáculo natural respetando el entorno, te dejamos algunos consejos clave:
El Sendero de Observación: Existe un sendero peatonal habilitado que bordea parte de las salinas. Desde allí tendrás una perspectiva perfecta para hacer fotos sin invadir su espacio.
Lleva prismáticos o teleobjetivo: Los flamencos suelen concentrarse en el centro de la laguna para protegerse. Unos buenos prismáticos te permitirán ver cómo filtran el agua con el pico y sus curiosas danzas de cortejo.
El mejor momento del día: El atardecer es mágico. El cielo de Calpe se tiñe de tonos anaranjados y púrpuras que se reflejan en el agua quieta de las salinas, creando una estampa idílica junto a las siluetas de los flamencos y el Peñón de Ifach de fondo.
Silencio y respeto: Recuerda que estás visitando su hogar. Evita los ruidos fuertes, la música o los movimientos bruscos que puedan asustar a las aves y hacer que levanten el vuelo por estrés.
📌 ¿Sabías que...? Cuando los flamencos nacen, sus plumas son de color gris blanquecino. No es hasta que cumplen uno o dos años, tras alimentarse constantemente de crustáceos ricos en carotenoides, que empiezan a lucir su famoso traje rosa.
Las Salinas de Calpe son el recordatorio perfecto de que la naturaleza siempre encuentra su lugar, incluso rodeada de asfalto. En tu próxima visita, guarda una tarde para pasear junto a la laguna, respirar el aire salino y dejarte cautivar por la elegancia de los flamencos. ¡Una experiencia que te conectará de inmediato con el lado más salvaje de la Costa Blanca!