Esta es una historia real divertidísima que ocurrió en 1891 en el yacimiento de los Baños de la Reina (los restos romanos frente a la playa).
Un arqueólogo alemán llegó a Calpe fascinado por la arqueología de la zona. Descubrió un mosaico romano precioso y, en lugar de reportarlo, decidió que quedaría mejor en el salón de su casa en Alemania. Para sacarlo del país de contrabando, ideó un plan: desmontó el mosaico, metió las piezas en grandes sacos y los cubrió por completo con almendras.

Almendras, algarrobas y un error de cálculo
Sabiendo que sacar una pieza de tal calibre del país era completamente ilegal, el alemán ideó una estrategia de incógnito. Desmontó el mosaico con extremo cuidado y ocultó las pesadas teselas de piedra en el fondo de grandes sacos de arpillera. Para camuflarlos por completo y no levantar sospechas en la aduana, llenó el resto de los sacos con el producto agrícola más abundante y exportado de la zona en ese momento: algarrobas y almendras locales.
El plan era perfecto sobre el papel, pero el erudito olvidó un detalle fundamental: la densidad de la piedra romana. Cuando los sacos llegaron al puerto de Calpe listos para ser embarcados, los estibadores y marineros locales procedieron a cargarlos. Al levantar el primer saco, el crujido de la espalda de los marineros delató el engaño. Aquello pesaba el triple de lo que cualquier cargamento de frutos secos debíapesar.
Sospechando de un posible contrabando, los lugareños abrieron los sacos en mitad del puerto. Ante los ojos asombrados de los pescadores, las almendras dejaron paso a las milenarias piedras romanas. El erudito alemán fue descubierto con las manos en la masa y el patrimonio de Calpe se salvó gracias a la astucia (y la fuerza) de su gente.
¿Sabías qué? El mosaico recuperado en el puerto de Calpe se conserva hoy en día en perfecto estado y se puede admirar de forma legal en la sala de Cultura Romana del MARQ (Museo Arqueológico de Alicante).